CONSAGRACIÓN
CONSAGRACIÓN
¡Señor,
aquí nos tienes postrados a tus pies,
en el mismo lugar en que Javier,
con el corazón despedazado pero lleno de confianza,
también se postrara!
¡Señor, queremos que desde hoy
esta incipiente Misión sea de un modo especial
la Misión de Tu Corazón!
Por eso hoy,
desde lo más íntimo de nuestra alma,
te la entregamos por completo.
¡Oh Rey eterno y Señor universal!
Tú que escoges a los débiles del mundo
para confundir a los fuertes,
aquí tienes a los más débiles de los
misioneros
tratando de conquistar para Ti esta zona del mundo,
cuyas dificultades hicieron encanecer al mismo Javier.
Convencidos de la inutilidad de todos los medios humanos
y sintiendo la escasa eficacia
de los métodos ordinarios de apostolado
en este País
que Tú quieres encomendamos,
no encontramos más recursos que Tus promesas.
Confiamos, Señor, ciegamente en tu palabra:
"A los que propaguen la devoción a mi Corazón,
daré eficacia extraordinaria a sus trabajos".
Puesto que necesitamos esa fuerza extraordinaria,
te prometemos hoy
ser verdaderos apóstoles de tu Corazón,
llevando una vida perfecta de amor y reparación.
Concédenos, Señor, la gracia
de que, desapareciendo nosotros por completo,
esta Misión sea pronto el argumento fehaciente
de la realidad y eficacia de tus promesas.
Nosotros, en cambio, ante la Divina Majestad,
por medio de la Inmaculada Virgen María,
del Santo Patriarca San José,
de N. P. S. Ignacio,
del primer misionero de Yamaguchi, San Francisco Javier,
y de todos los Santos Apóstoles y Mártires del
Japón,
te prometemos con tu favor y ayuda
consumir todas nuestras energías y nuestras vidas
por este único ideal:
que todas las almas que Tú nos has encomendado
y todo el mundo
conozcan las riquezas insondables de Tu Corazón
y se abrasen en Tu amor: