BENEDICTIO DEI OMNIPOTENTIS
BENEDICTIO DEI OMNIPOTENTIS
Qué consuelo y emoción la de sentirme
identificado con Cristo y dar la bendición, su
bendición, a la Compañía universal,
una bendición que será eficaz:
- a vosotros, ope¬rarios
repartidos por todo el mundo en medio de tantas dificultades;
- a vosotros los que estáis
atados por la enfermedad al lecho del dolor y ofrecéis
vuestra oración y sufri¬mientos por las almas y la
Compañía;
- a vosotros, Superiores, que
tenéis una responsa¬bilidad tan pesada y un cometido
tan difícil en los días de hoy;
- a vosotros los formado¬res que
estáis modelando la Compañía del
mañana;
- a vosotros Hermanos Coadjutores que en
un momento tan decisivo de nuestra historia estáis
atravesando una tan profun¬da transformación y que
con tan grande empeño y devoción
estáis sirviendo a la Iglesia en la
Compañía de un modo a veces tan oscuro y tan
callado,
- a vosotros jóvenes
esco¬lares y novicios en quienes la
Compañía tiene puesta su esperanza, pues os
necesita, y que debéis ser hombres completamente dedicados a
la Iglesia y a las almas en la Com¬pañía
e imbuidos del espíritu de Ignacio del modo más
perfecto posible;
- a vosotros muy especialmente los que
vivís en países privados de la verdadera libertad
y que debéis sen¬tir que la
Compañía está muy cerca de vosotros y
estima vuestra vida difícil; a todos, hasta el
último rincón del mundo, hasta la
habitación más oculta,
Os bendiga Dios omni¬potente, Padre, Hijo, y
Espíritu Santo.
La Misa ha terminado. «Id y encended el mundo».