Pedro Arrupe
Pedro Arrupe
07 septiembre 2010

BENEDICTIO DEI OMNIPOTENTIS
BENEDICTIO DEI OMNIPOTENTIS

Qué consuelo y emoción la de sentirme identificado con Cristo y dar la bendición, su bendición, a la Compañía universal, una bendición que será eficaz:
 
-    a vosotros, ope¬rarios repartidos por todo el mundo en medio de tantas dificultades;
-    a vosotros los que estáis atados por la enfermedad al lecho del dolor y ofrecéis vuestra oración y sufri¬mientos por las almas y la Compañía;
-    a vosotros, Superiores, que tenéis una responsa¬bilidad tan pesada y un cometido tan difícil en los días de hoy;
-    a vosotros los formado¬res que estáis modelando la Compañía del mañana;
-    a vosotros Hermanos Coadjutores que en un momento tan decisivo de nuestra historia estáis atravesando una tan profun¬da transformación y que con tan grande empeño y devoción estáis sirviendo a la Iglesia en la Compañía de un modo a veces tan oscuro y tan callado,
-    a vosotros jóvenes esco¬lares y novicios en quienes la Compañía tiene puesta su esperanza, pues os necesita, y que debéis ser hombres completamente dedicados a la Iglesia y a las almas en la Com¬pañía e imbuidos del espíritu de Ignacio del modo más perfecto posible;
-    a vosotros muy especialmente los que vivís en países privados de la verdadera libertad y que debéis sen¬tir que la Compañía está muy cerca de vosotros y estima vuestra vida difícil; a todos, hasta el último rincón del mundo, hasta la habitación más oculta,

Os bendiga Dios omni¬potente, Padre, Hijo, y Espíritu Santo.

La Misa ha terminado. «Id y encended el mundo».
Nos enseñó a mirar el lado bueno del mundo