SED BUENOS
SED BUENOS
Por tanto, os digo
Sed buenos:
La maldad parece que está adueñándose
del mundo; la maledicencia y la malevolencia ocupan cada vez mayores
espacios y penetran cada vez más profundamente.
Sed buenos:
El sacerdote debe ser ciertamente el hombre de la santidad, de la fe,
de la esperanza, de la alegría, de la palabra, del silencio,
del dolor. Pero debe, sobre todo, ser bueno: debe ser el hombre del
amor.
Si el sacerdote que entra en una parroquia o en cualquier otro lugar
donde están reunidos los hombres, encontrase frialdad,
extrañeza, con¬tienda y enfriamiento, pero
él fuese y apareciese "bueno", ciertamente no
podrá realizar milagros y deberá esperar; pero su
espera jamás será inútil y, casi con
toda certeza, no será prolongada ni extenuante.
Sed buenos:
Buenos en vuestro rostro, que deberá ser distendido, sereno
y sonriente; buenos en vuestra mirada, una mirada que primero sorprende
y luego atrae.
Buena, divinamente buena, fue siempre la mira¬da de
Jesús. ¿Lo recordáis? Cuando Pedro fue
alcanzado y traspasado por aquella mirada divina y humana,
lloró amargamente.
Sed buenos en vuestra forma de escuchar:
De este modo experimen¬taréis, una y otra vez, la
paciencia, el amor, la atención y la aceptación
de eventuales llamadas.
Sed buenos en vues¬tras manos:
Manos que dan, que ayudan, que enjugan las lágrimas, que
estrechan la mano del pobre y del enfermo para infundir valor, que
abra¬zan al adversario y le inducen al acuerdo, que escriben
una hermosa carta a quien sufre, sobre todo si sufre por nuestra culpa;
manos que saben pedir con humildad para uno mismo y para quienes lo
necesitan, que saben servir a los enfermos, que saben hacer los
trabajos más hu¬mildes.
Sed buenos en el hablar y en el juzgar:
Sed buenos, si sois jó¬venes, con los ancianos; y,
si sois ancianos, sed buenos con los jóve¬nes.
Sed contemplativos en la acción:
Mirando a Jesús -para ser "imagen de Él"- sed, en
este mundo y en esta Iglesia, contemplativos en la acción;
transformad vuestra activi¬dad ministerial en un medio de
unión con Dios.
Estad siempre abiertos y atentos a cualquier gesto de Dios Padre y de
todos sus hijos, que son hermanos nuestros.
Sed santos:
El santo encuentra mil formas, aun revolucionarias, para llegar a
tiempo allá donde la necesidad es urgente; el santo es
audaz, ingenioso y moderno; el santo no espera a que vengan de lo alto
las disposiciones y las innovaciones; el santo supera los
obstáculos y, si es necesario, quema las viejas estructuras
superándolas…
Pero siempre con el amor de Dios y en la absoluta fidelidad a la
Iglesia a la que ser¬vimos humildemente porque la amamos
apasionadamente.