Pedro Arrupe
Pedro Arrupe
05 septiembre 2010

BODAS DE ORO
BODAS DE ORO

Al recorrer yo también el camino de estos mis 70 años de vida y 50 de Compañía de Jesús, no puedo menos que reconocer que los jalones decisivos de mi vida, los virajes radica- les en mi camino han sido siempre inesperados, irracionales, pero en ello he podido siempre reconocer, tarde o temprano, la mano de Dios que daba un atrevido golpe de timón.

La vocación a la Compañía de Jesús en medio de la carrera de Medicina que tanto me entusiasmaba, y ello en la mitad del curso; mi vocación al Japón (misión por la que hasta la llamada de Dios no sentía ninguna inclinación) y que me negaron los superiores durante diez años, mientras me preparaba para ser un día profesor de Moral; mi presencia en la ciudad sobre la que explotó la primera bomba atómica; mi elección como General de la Compañía... han sido acontecimientos tan inesperados y tan bruscos y han llevado al mismo tiempo tan claramente la marca de Dios, que realmente yo los he considerado y los considero como aquellas irrupciones con que la amorosa providencia de Dios se complace en manifestar su presencia y su absoluto dominio sobre cada uno de nosotros. y las reacciones que uno siente son algo parecido a las de un Isaías: «Ay de mí, que estoy perdido, porque soy un hombre de labios impuros»; de un Jeremías: «Ah, Señor Yahveh, mira que soy un muchacho»; o de Moisés: «¿Quién soy yo para ir al Faraón?».

Estáis asistiendo de nuevo a uno de tantos aniversarios, en los que la pequeñez del hombre (¡y ese hombre soy yo!) reacciona con estupor y gratitud ante los beneficios de Dios. Estupor y gratitud no solamente, o no tanto por esos momentos privilegiados, decisivos o apreciables de mi vida, sino sobre todo por esa serie de gracias incalculables que he ido recibiendo de Dios a lo largo de la vida cotidiana, en la monotonía de una existencia corriente y vulgar. Todo ello me hace desear que mi vida hubiese sido, o al menos lo sea desde ahora, un continuo «Magnificat».

Nos enseñó a mirar el lado bueno del mundo